En Cloe, gran ciudad, las personas que pasan por las calles no se conocen. Al verse imaginan mil cosas las unas de las otras, los encuentros que podrían ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, husmean otras miradas, no se detienen. (...) Algo corre entre ellos, un intercambio de miradas como líneas que unen una figura a la otra y dibujan flechas, estrellas, triángulos, hasta que todas las combinaciones en un instante se agotan, y otros personajes entran en escena...(IC). ----- Recuerdo, casi desde que tengo consciencia, que caminar por las calles de mi ciudad, me enseñaron a conocerla, a ella y a sus gentes, y al fotografiarlos se perpetuaron en mi retina y ya hace imposible su olvido.